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Bilongo: Capitulo 2 del Libro del Monte

“Donde menos se piensa, hay un espíritu.” “Andan en todas partes, no los veremos, pero nos estamos codeando con los muertos y con los santos a toda hora.”
Nuestros negros están convencidos de que vivimos rodeados de espiritus, y de que a su influenciase debe cuanto malo o bueno les sucede. De ahí que a duras penas acepten una explicación puramente científica de la enfermedad que les aqueje o dela causa natural que la haya motivado.La enfermedad- oigú, aro; yari-yari, fwa-, la enemiga más temible de la felicidad del hombre, y sobre todo del pobre, es por lo regular, como confirma invariablemente la experiencia, obra de algún bilongo, de una uemba o moruba, wanga ondiambo, de un daño ika o madyafara, que se introduce en el cuerpo: y hay que rendirse a la evidencia de que es el resultado de los manejos de un enemigo solapado que se ha valido, para alcanzarlo, de una energía malévola e impalpable.
Lydia Cabrera: "El Monte"

El Monte Capítulo 1 del libro de Lydia Cabrera


Persiste en en el negro cubano, con tenacidad asombrosa, la creencia en la espiritualidad del Monte. En los montes y las malezas de Cuba habitan, como en las selvas de África, las mismas divinidades ancestrales, los espiritas poderosos que todavía hoy, igual que en los días de la trata, más teme y venera, y de cuya hostilidad o benevolencia siguen dependiendo sus éxitos o sus fracasos.

El negro que se adentra en la manigua, que penetra de lleno en un “corazón de monte”, no duda del contacto directo que establece con fuerzas sobrenaturales que allí, en su propios dominios, lo rodea: cualquier espacio de monte, por la presencia invisible o a veces visible de dioses y espíritus, se considera sagrado. “El monte es sagrado” porque en el residen, “viven” las divinidades. “Los santos están más en el monte que en el cielo

Inroduccion a Los Dioses Cubanos

Lydia Cabrera

El Monte
Primera Edición: Habana, 1954
Alejo Carpentier: “Yo no podía sospechar que aquel día, acaso, había nacido la vocación de la joven cubana, por el estudio de los ritos de la magia afrocubana”
Fernando Ortiz: “ Habíamos asistido ( refiriéndose a Alejo Carpentier y Él) , como en otras muchas ocasiones, a cierta ceremonia de santería y vimos venir a Lydia en compañía de la escritora venezolana Teresa de la Parra; ambas se habían dado cita en aquel toque de tambor, interesados en escuchar las sonoridades ancestrales de nuestro pueblo.”
Su vocación, a los misterios de las deidades de los negros, en aquel entonces, fue inculcada por tres personas muy importantes en su vida, una, Teresa, una negra que entró como costurera de la casa de los padres, “Ella fue la que me condujo por primera vez a un asiento” escribió la autora.
La segunda fue la influencia que ejerció Fernando Ortiz, quien Lydia estuvo vinculada por lazos familiares y de colaboración intelectual.
Y la tercera fue su padre que aunque no le inculcó el amor por las raíces de nuestro pueblo, si le dejó un libro anecdotario sobre sus inicios en el mundo profesional de la abogacía.
Todo esto formó su interés por recoger muchas anotaciones, de este mundo que para su época estaba llena de prejuicios sociales, y que a pesar de eso, logró recogerlos en un tomo como éste.
Al Monte de Lydia, escribió Raimundo Respall Fina, en el prólogo de su tercera edición, solo podemos asomarnos si guardamos respeto por nuestras tradiciones.

En esta serie de relatos sacados del libro El Monte queremos, comenzar una incursión en las tradiciones del pueblo cubano, su mezcla de ritmos, colores y deidades, y recogiendo todo lo que se ha escrito acerca del tema, por eso lo hemos llamado "Los Dioses Cubanos"